domingo, 21 de junio de 2009

Cristo se despide entre lágrimas

Cristo se despide entre lágrimas

Emocionado y acompañado de todos los jugadores y técnicos del Tenerife, el capitán da "las gracias a todos por este año"






Cristo Marrero, ante la Virgen de Candelaria. josé luis gonzález

LA OPINIÓN | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Un día después de que el club confirmara que no le ofrecerá la renovación, Cristo Marrero compareció públicamente "para dar las gracias". Discurso emocionado y sentido, el del capitán del representativo fue un adiós que conmovió a todos: a los periodistas que luego transcribirían sus palabras, a los aficionados que las recibieron y a los compañeros que le flanqueaban en el momento de la partida. Con su despedida preparada y la espontánea presencia de aquellos a los que ha abrigado bajo su experiencia y sabiduría, Cristo habló. Lo hizo con el corazón.
"Quiero agradecer a todos mis compañeros que estén a mi lado; ésta es la despedida de mi casa y de mi equipo", declaró el delantero. "Les doy las gracias a todos porque, una vez más, me demuestran cariño hasta el último momento, esto es de agradecer", adujo, abrumado por tan excepcional muestra de apoyo. A continuación, explicó su situación. "Termino contrato el 30 de junio, y el club y yo hemos creído que ha terminado un ciclo", apuntó. A renglón seguido, tuvo un recuerdo para quienes le dieron "la oportunidad de vestir esta camiseta". "Fue la mía siempre, desde pequeñito", apuntó.
"Doy las gracias a Dios por lo que he vivido este año; ha sido de las cosas más bonitas que me han pasado en la vida", señaló sobre el ascenso, propósito eterno y finalmente conseguido. "Le doy las gracias también a mi familia, a mis seres queridos. A mi hermano Juanito y a mi sobrina María, que no están físicamente, pero en realidad sí están", continuó. "Estos años se los dedico también a las tres personas que más quiero: mi padre, mi madre y mi hija Andrea", prosiguió, y entonces aparecieron las lágrimas.

Agradecido. Buena parte de la alocución del zoquero, como no podía ser de otra manera, fue destinada a la afición. "Le doy todas las gracias del mundo por el cariño que me han dado desde el primer día; No sólo a la gente de Tenerife, sino a la de todas las islas", y nombró Cristo a La Gomera, a La Palma y a El Hierro, si bien se refería "a absolutamente todas". "Y me acuerdo también de las peñas, y especialmente del Frente Blanquiazul y del regalo que me hicieron con un mosaico el día del Vecindario", apuntó. "Gracias también a todos los barrios y a todos los pueblos que me invitaron a estar con sus niños y mayores; ellos me las daban por ir, yo se las doy por invitarme", relató, para nombrar igualmente después "a los ingresados en los hospitales y a quienes trabajan en ellos".
En el capítulo de nombres propios, mentó el capitán "a Julio Durán, la primera persona que dio el paso" para sumarle al Tenerife, y luego también "a David Amaral, por el momento del debut". Dicho esto, explicó que nada de lo ocurrido en su inmaculada carrera deportiva habría sido posible "sin el apoyo de los compañeros, y no sólo los de ahora, sino todos".
Sin obviar a los que no están, el ariete sureño tuvo un gesto también para "un chico que perdió la vida, a Triviño, que quería el Tenerife como el que más; a otro chico de Los Gigantes, que tampoco está; y a un niño, Eduardo, que falleció esta semana con 17 años, y tuvimos el honor y el gusto de ir a verlo al Hospital".

Especiales. Había consumido unos cuantos minutos de los ocho que dedicó a decir adiós, y había hablado Cristo de todos sus compañeros, en general. Pecado habría sido no hacerlo en particular de alguno de ellos, así que lo hizo, tal vez para entonces más emocionado que nunca. "Me acuerdo hoy de las personas que me ayudaron en mis inicios, en mis primeros entrenamientos como profesional, y entre ellos no puedo dejar atrás ni a Pier y ni a Alexis", comentó. "Tampoco me olvido de los médicos y los fisioterapeutas", explicó, con la voz encogida, "y especialmente a quienes me ayudaron para que me operara en Madrid, y todo saliera bien".
"Gracias también a Nino", manifestó. "Es el mejor jugador de la categoría y también una persona con unos valores humanos increíbles", adujo, sólo unas horas después de que el almeriense se pronunciara en voz alta, pidiendo su renovación. "Dicen que en el fútbol no hay muchas amistades, pero no es verdad: a mi amigo Ayoze lo quiero como a un hermano", subrayó, mientras el de La Vera le miraba. "En realidad, quiero a toda esta plantilla, porque me han dado un cariño enorme", reveló, y más tarde les dio un consejo, si bien más sonó a petición. "Disfruten muchísimo en Primera División y lleven a mi equipo lo más lejos posible", cerró.
Antes, por cierto, mencionó Cristo Marrero también a los medios de comunicación y a sus periodistas, por haberle prestado atención. De paso, a todas estas, pidió disculpas "por alguna patada al diccionario" y, repuesto de tanta tensión y aflicción, tuvo un mensaje para el presidente. "Gracias, porque ha cumplido: un día dijo que llevaría a mi equipo a Primera en tres años, y lo ha conseguido. Le deseo toda la suerte del mundo", concluyó. Absolutamente desbordado por las muestras de afecto y solidaridad en días agridulces –felices por el ascenso, nostálgicos porque se va–, dio Cristo su última lección: la del deportista que sabe despedirse.

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