sábado, 22 de enero de 2011

Si a alguien le queda algo, que lo saque

Enrique Marques

El fútbol está tan lleno de anécdotas como de tópicos. Quizá más de tópicos, incluso. Me quedo hoy con todos los que hacen referencia a la épica de este juego. La mayoría son muy cursis, pero hacen falta. Más que nada porque este partido es de los que se ganan así. Se ganan desde la raza. Desde el convencimiento de que donde no llega el fútbol debe llegar el orgullo. No es muy ortodoxo pero es verdad.

Se conjugan varias circunstancias en la jornada que dan aún mayor contexto a la llamada a la épica que propongo. La primera es que el equipo amarillo ha dejado de creer. Es necesario reconocerlo, si empezamos engañándonos, mejor no coger ni el Binter.

Llegó a pelear por los puestos de cabeza, llegó a ilusionar —¡Ay!, que fácil se ilusiona uno con este juego tramposo— para caer después por una pendiente de la que no termina de salir.

Se pierde mucho y se empata casi más. Cuando no ganas ni mereciéndolo dudas de todo. Nadie quiere la pelota. Todos aseguran los controles de forma que tocan tres veces el balón antes de soltarlo.

Como tratando de garantizar que no se escape. Esto suele tener el efecto contrario al deseado. Todo se hace lento. Previsible. Ni los defensas defienden, de lo bien colocados que quieren estar, ni los que tienen que crear crean ni los de arriba desbordan.

La cabeza es más peligrosa que cualquier lesión. Si te da la espalda, juegas con dos menos. El entrenador se puede dedicar a psicoanalizar a la plantilla, jugador por jugador, que ese mal sólo lo curan las victorias.

Por eso hay que buscar reflejos raciales. Por eso hay que hablar de agruparse, de estar juntos, de ser solidarios. En el fondo lo que reconoces es que tienes miedo, y si lo ves como un mal colectivo, como algo de todos, igual hasta sales del pozo.

Por otra parte, el equipo está más donde esperábamos que estuviera que cuando estaba arriba. Por mucho que nos guste ver la botella medio llena. Tanta cantera da para soñar y para ilusionar, no para ganar.

Llegan ahora dos argentinos con una hoja de servicios larga y viajera. Dos Marines del fútbol a echar una mano en ese trabajo del que hablaba. No creo que la mañana del domingo sean decisivos, pero si pueden venir de maravilla a un equipo algo novato.

El domingo quiero ver a todos. No es un partido de un hombre. Es de los de ganar con el escudo.
Hay que aprovechar el doble enfrentamiento entre rivales directos que depara la jornada para dar dos pasos hacia adelante. Hacia atrás ni para coger impulso. Y menos en Tenerife.

Lo dejo aquí que me pongo nervioso. Ánimo a todos.

Por Enrique Marqués, periodista de Marca TV y corresponsal de Gol TV USA
Autor del blog “El Regate”

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