sábado, 12 de septiembre de 2009

LAS EDADES DE DAVID

LAS EDADES DE DAVID

LA PROVINCIA.ES




MANUEL BORREGO David González siente que el fútbol fluye ahora por sus botas. Ocurre cuando ya transita entre la madurez y la veteranía profesional. Tiene 28 años y por fin dice haber encontrado su verdadero papel en la UD Las Palmas. Con ocho temporadas a sus espaldas (debutó con Yosu Uribe en enero de 2003) es el jugador que más ligas lleva acumuladas de amarillo en el actual primer equipo del club. Y le ha ocurrido de todo: grave lesión de rotura de ligamentos por una entrada de juzgado de Mario Héctor Turdó (entonces en el Leganés), cesión al Universidad a mitad de temporada, descarte tras un mercado de invierno, titularidad transitoria, suplencias abundantes, ... idas y venidas, en suma, con once entrenadores que no supieron qué hacer con él hasta que Sergio Kresic ha aparecido y cree haber hallado al hombre del primer compás.


Nunca antes David había empezado una campaña con trazas de titular indiscutible. Los datos de su hoja de servicio son elocuentes: Ha disputado hasta el día de hoy justamente cien encuentros oficiales con la UD, donde fue 26 veces titular y sólo en once partidos cubrió los noventa minutos. Ha marcado cinco goles a pesar de ser un hombre de ataque. Y, lo que nos parece más ilustrativo, su depurada técnica tantas veces aplaudida la dedicó a un espectáculo de variedades en el terreno de juego, olvidando el verdadero sentido de la competición que es marcar más goles que el adversario.


Hoy disfrutamos de un David González con una brújula e instrucciones para acudir al campo de batalla. Distribuye a las demás piezas, asume el mando de las operaciones y, para colmo, pelea como un jugador propio de la categoría. Su cambio es tan radical con Kresic que esta temporada ha sufrido la primera expulsión en ocho Ligas. Sin duda, este es otro David.


Esta tarde, González rebasará la centena de encuentros oficiales con la camiseta grancanaria. Su concurso crea expectación en una platea que necesita ídolos terrenales. Su turno quizá ha llegado y ha de aprovecharlo porque nunca puede ser tarde para traspasar el umbral de la gloria.

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